Gregory Bateson, Naven, Epílogo 1958.

Existe una bien conocida anécdota acerca del filósofo Whitehead. Su antiguo discípulo y famoso colaborador, Bertrand Russell vino a visitar Harvard y conferenció en el gra auditorio sobre la teoría cuántica, un tema siempre difícil y en aquel tiempo una teoría compratativamente nueva. Russell procuróhacer el tema inteligible a la distinguida audiencia, gran parte de la cual era profana en las ideas de física matemática. Cuando él se sentó, Whitehead se levantó como presidente para dar gracias al orador. Felicitó a Russell por su brillante exposición “y sobre todo por haber dejado… desvelada… la vasta oscuridad del tema”.

Toda ciencia es un intento de cubrir con mecanismos explicativos -y por tanto de oscurecer- la vasta oscuridad del tema. Es un juego en el que el científico utiliza sus principios explicativos de acuerdo con ciertas reglas para ver si dichos principios pueden estirarse hasta cubrir la vasta oscuridad. Pero las reglas de este estiramiento son rigurosas, y el propósito de toda la operación es en realidad el descubrir qué partes de la oscuridad quedan por cubrir mediante la explicación.

Pero este juego tiene también un propósito más profundo, más filosófico: aprender algo sobre la naturaleza misma de la explicación, aclarar alguna parte de ese tema que es el más obscuro de todos -el proceso de conocer.

Durante los veintiún años que han trascurrido desde la escritura de este libro, la epistemología -la ciencia o filosofía que tiene porobjeto los fenómenos que llamamos conocimiento y explicación- ha experimentado un cambio casi total. El preparar el libro para su segunda publicación en 1957 ha significado un viaje de descubrimientos retrospectivos a un período que en el que las formas más nuevas de pensamiento tan sólo eran vagamente prefiguradas.

Naven era un estudio de la naturaleza de la explicación. El libro contiene por supuesto detalles sobre la vida y la cultura iatmul, pero no es principalmente un estudio etnográfico, un inventario de datos para síntesis posteriores a cargo de otros científicos. Más bien, es un intento de síntesis , un estudio de las formas en que pueden encajarse los datos entre sí, y este encajamineto de datos es lo que yo quiero decir con la palabra “explicación”.

El libro es un entretejido de tres niveles de abstracción. En el nivel más concreto están los datos estnográficos. Más abstracta es la provisional ordenación de los datos para ofrecer diversos cuadros de la cultura, y todaviá más abstracta es la tímida discusión de los procedimientos por los cuales se hacen encajar las piezas de rompecabezas. El clímax final de libro es el descubrimiento , descrito en el epílogo, -y realizado tan sólo unos pocos días antes de que el libro fuese a la imprenta- de lo que hoy parece una perogrullada: que el ethos , eidos, sociología , economía estructura cultural, estructura social y todo el resto de estas palabras hacen tan sólo referencia a los modos en que los científicos hacen encajar el rompecabezas.

Estos conceptos teóricos poseen un orden de realidad objetiva. Son en realidad descripciones de procesos de conocimiento adoptados por los científicos; pero, sugerir que las palabras “ethos” o “estructura social” tienen más realidad que ésta es cometer la falacia de Whitehead de la concreción mal emplazada. La trampa o ilusión -como muchas otras- desaparece cuando se alcanza una correcta tipología lógica. Si “ethos” , “estructura social”, “economía”, etc., son palabras de ese lenguaje que describe cómo los científicos ordenen los datos, entonces estas palabras no pueden utilizarse para “explicar” fenómenos ni tampoco puede haber ninguna categoría de fenómenos “etológica” o “económica”. La gente puede verse influenciada, naturalmente, por teorías económicas o por falacias económicas -o por el hambre- pero no por la “economía”.”Economía” es una clase de exlicaciones, no una explicación de nada en sí misma.

[…]

Bateson, G. (1990). Naven. Un ceremonial iatmul. (p. 302-304). Madrid: Júcar.

 

Advertisements