Eyema Byeri

Los estudiosos del conocimiento y saber Fang han dicho “Los dos cultos centrales de la antigua vida religiosa Fang [son] el Soo Ndong Mba o rito de iniciación y el Bieri o culto de los antepasados” (Fernandez 1982:245)

Como toda identidad y etnicidad, la identidad del pueblo Fang se constituye en relación y en oposición a otros pueblos (Aranzadi 2009:4); doble oposición con los Pigmeos y con los Blancos (Aranzadi 2013: 5). No sería para nada osado decir que el pueblo Fang se constituye también en relación a sus antepasados, pues el recitado de sus dilatadas genealogías patrilineales les permitía situarse en el espacio y en el tiempo sociales (Aranzadi 2013:2).

“Los Fang, por respeto al hecho de referirse directamente a Dios, prefieren dirigirse a sus antepasados, a sus muertos-vivos, a quienes el Dios supremo legó todos los poderes y toda la potencia. Así es como se explican los ritos tradicionales, los cultos, las prácticas como el Biere y Ngui” (Oyane Megnier 2004)

No solo las largas genealogías permiten a los Fang su relación con sus antepasados sino también los byerés (o bieri). Los Fang creen que la fuerza vital del individuo está situada en el cráneo, ellos veneraban los cráneos de sus más importantes ancestros. El relicario completo y a la práctica que rodea su utilización en el culto de los antepasados se llama byeré. El proceso en que se llega a generar un cráneo para veneración es parte del proceso de la vida misma del individuo y de la sociedad Fang, pues más que simbolizar muerte, estos relicarios, sus contenidos y sus estatuillas, simbolizan vida. El byeré tiene una utilidad, es como el martillo de Heidegger, es un modo de ser útil del cráneo, tal como el martillo a la mano:

” De acuerdo a su pragmaticidad, un útil sólo es desde su pertenencia a otros útiles […] Desde él se muestra la “disposición” de las cosas, y en ésta, cada “uno” de los útiles. Antes de cada uno, ya está siempre descubierta una totalidad de útiles.

El trato ajustado al útil, que es el único modo en que éste puede mostrarse genuinamente en su ser, p. ej., el martillar con el martillo, no aprehende temáticamente este ente como una cosa que se hace presente para nosotros, ni sabe en absoluto de la estructura pragmática en cuanto tal. El martillar no tiene un mero saber del carácter pragmático del martillo, sino que se ha apropiado de este útil en la forma más adecuada que cabe. En este modo del trato que es el uso, la ocupación se subordina al para‐algo que es constitutivo del respectivo útil; cuanto menos sólo se contemple la cosa‐martillo, cuanto mejor se eche mano del martillo usándolo, tanto más originaria será la relación con él, tanto más desveladamente comparecerá como lo que es, como útil. El martillar mismo descubre la “manejabilidad” específica del martillo. El modo de ser del útil en que éste se manifiesta desde él mismo, lo llamamos el estar a la mano [Zuhandenheit].

[…] Lo a la mano no es conocido teoréticamente ni es primeramente temático ni siquiera para la circunspección. Lo peculiar de lo inmediatamente a la mano consiste en retirarse, por así decirlo, “a” su estar a la mano para estar con propiedad a la mano.” (Heidegger 1997[1927]:77,78)

A pesar de esta importancia, ya para 1920 o 1930 los byerés ya habían desaparecido de sus contextos y formas tradicionales. Los Fang del pasado, los Fang precoloniales, se exiliaban del poblado y pasaban a ser objetos de culto del arte moderno, mercancías. Emplazados fuera de su contexto de significación, emplazados en un no-lugar. Hoy se puede adquirir una en Christie’s por 115.000 euros u observarlos en museos con explicaciones como la siguiente:

“Esta hermosa figura de madera tallada es un eyema byeri, un tipo de escultura ritual que el pueblo fang destina al culto a los ancestros. De formas redondeadas, está en posición sentada y tiene el ombligo característicamente prominente. La cabeza es grande en proporción al cuerpo, y destaca el peinado. Los peinados fang son a menudo sorprendentes e inusuales. La figura está desnuda pero presenta algunos elementos decorativos dorados: argollas en los tobillos y las rodillas, un taparrabo y unos colgantes que enlazan las orejas y la nariz.” (Museu de les Cultures del Món, Barcelona, MEB 71-5)

Advertisements