REconnecting dots 1.7

“…un proyecto de estupidización: Es la culocracia […] el culo es la imagen hegemónica de la modernidad informática […] Un tipo labura todo el día, desayuna mal, almuerza mal, trabaja, llega a su casa, se sienta a comer y mira a Tinelli. Y lo que ve es una falsedad infinita que son esos ultraculos, superculos, especta-culo. El hombre mira a su patrona y dice ‘pobre de mí, soy un miserable’. El sujeto que debe ser activo, lúcido y crítico, se siente un miserable en ese momento porque su mujer tiene el culo caído” [1] “Aquí estamos. El entretenimiento le es fundamental al poder. Foucault hace rato que avisó: no crean que la represión es castigo. La represión es entretenimiento, placer controlado […] Que los que piensan mal van a seguir así. Ni hablar de los que piensan al servicio del poder mediático. Ya no piensan, mienten. ¿Qué es mentir? Es arrojar verdades apodícticas sin apoyatura en ninguna facticidad. Ni siquiera necesitan hechos, los inventan. Sin hechos, no hay nada que interpretar. Sólo resta mentir. Cuando Nietzsche dice esa frase que com- parto hasta lo más hondo, cuando dice: «No hay hechos, hay interpretaciones», está diciendo: «Hay hechos, pero las interpretaciones los llevan a entrar en colisión». El que genera más poder impondrá su verdad. Pero hay hechos. Sobre eso no se miente. El hecho no se inventa. Siempre está ahí. La mentira es «interpretar» hechos que no han acontecido. Que se han inventado. Cuando no se trabaja sobre ninguna facticidad. Cuando la facticidad se crea, ahí surge la mentira […] Nunca hubo tantos instrumentos de destrucción, tanto control, tanta sujeción de la subjetividad. Te divide la cabeza, no podés imaginar siquiera, porque el imaginario viene de afuera y se mete en vos. Y el movimiento interno de imaginación y pensamiento te lo interrumpen a cada rato, pasándote. Todo está, en alguna medida, organizado de una manera siniestra. Todos los niveles de la relación del poder con la realidad están organizados técnica y tecnológicamente. Este sistema está hecho para destruir la subjetividad de la gente, impedir el pensamiento, impedir el afecto. Y por eso la superficialidad» […] Como dice el Director Creativo de Langer: «Pónganle un culo». Se lo pusieron. Así, la cultura anal se pone de moda en los setenta para vender mercancías. Es que ése es precisamente uno de los sentidos primordiales de los ultra-culos: una mercancía para vender mercancías. Al ultra-culo se lo compra. La señorita que lo vende lo hace según su valor de cambio, que surge del trabajo que le ha llevado construirlo. Y de la calidad del producto. El que lo compra le dará un valor de uso para vender una mercancía a un tercero en tanto valor de cambio.” [2]

“son las diferencias visibles entre el cuerpo masculino y el femenino las que, percibidas y construidas según los esquemas prácticos de la visión androcéntrica, devienen la garantía indiscutible de significaciones y de valores que concuerdan con los principios de esa visión […], (proporcionando) un fundamento de apariencia natural a la visión androcéntrica de la división del trabajo sexual y de la división sexual del trabajo […] un trabajo de construcción practica que impone una definición diferenciada de los usos legítimos del cuerpo, en especial de los sexuales, tendente a excluir del universo de lo pensable y de lo que puede hacerse todo aquello todo aquello que marca la pertenencia a otro género  […] para producir ese artefacto social que es un hombre viril o una mujer femenina.” [3] [el género es] “la imposición de un heteromorfismo de los comportamientos sociales […] ya no se concibe como el marcador simbólico de una diferencia natural, sino como el operador de un sexo sobre otro” [4] “Women and men, girls and boys in contemporary Western society are subject to myriad social norms regarding dress. Indeed, it appears that gendered dress norms exist in all human cultures, and that “their principal messages are about the ways in which women and men perceive their gender roles or are expected to perceive them” (Crane, 2000, p.16). According to sociological and anthropological accounts of human dress and adornment, fashion and clothing both reflect existing gender roles and work to shape social understandings of gender identity (Barnard, 1996). Th us, one could say that humans are a relatively sexually monomorphic species (Mealey, 2000) that has amplified its slight sexual dimorphism through dress, broadly defined.” [5]

“toda ideología interpela a los individuos concretos como sujetos concretos, por el funcionamiento de la categoría de sujeto.

[…] Sugerimos entonces que la ideología “actúa” o “funciona” de tal modo que “recluta” sujetos entre los individuos (los recluta a todos), o “transforma” a los individuos en sujetos (los transforma a todos) por medio de esta operación muy precisa que llamamos interpelación, y que se puede representar con la más trivial y corriente interpelación, policial (o no) “¡Eh, usted, oiga!”

Si suponemos que la hipótetica escena ocurre en la calle, el individuo interpelado se vuelve. Por este simple giro físico de 180 grados se convierte en sujeto. ¿Por qué? Porque reconoció que la interpelación se dirigía “precisamente” a él y que “era precisamente él quien había sido interpelado” (y no otro). La experiencia demuestra que las telecomunicaciones prácticas de la interpelación son tales que la interpelación siempre alcanza al hombre buscado: se trate de un llamado verbal o de un toque de silbato, el interpelado reconoce siempre que era precisamente él a quien se interpelaba. No deja de ser éste un fenómeno extraño que no sólo se explica por el sentimiento de culpabilidad”, pese al gran número de personas que “tienen algo que reprocharse”.

Naturalmente, para comodidad y claridad de la exposición de nuestro pequeño teatro teórico, hemos tenido que presentar las cosas bajo la forma de una secuencia, con un antes y un después, por lo tanto bajo la forma de una sucesión temporal. Hay individuos que se pasean. En alguna parte (generalmente a sus espaldas) resuena la interpelación: “¡Eh, usted, oiga!”. Un individuo (en el 90% de los casos aquel a quien va dirigida) se vuelve, creyendo-suponiendo-sabiendo que se trata de él, reconociendo pues que “es precisamente a él” a quien apunta la interpelación. En realidad las cosas ocurren sin ninguna sucesión. La existencia de la ideología y la interpelación de los individuos como sujetos son una sola y misma cosa.”

[1] Feinmann, José Pablo, “La culocracia es un proyecto de estupidización”, Diario Registrado, Jueves 03 de octubre de 2013, http://www.diarioregistrado.com/politica/80110-jose-pablo-feinmann–la-culocracia-es-un-proyecto-de-estupidizacion.html [2] Feinmann, José Pablo, El culo idiotizante como arma del poder, el ultra-culo en tanto humillación del ciudadano común, la mentira de los ciber-culos, de los tevé-culos, de los culos espectá(culo), Filosofía política del poder mediático. Buenos Aires: Planeta, 2013. [3] Bourdieu, Pierre, La domination masculine, París: Seuil, 1998. [La dominación masculina, Madrid: Anagrama, 2000] pp.28-29. [4]Mathieu, Nicole-Claude, «Identité sexuelle / sexué / de sexe?» en Categorisation de sexe et constructions scientifiques, Aix-en-Provence, Université de Provence, 1989. Citado en Méndez, Lourdes. 2008. Antropología feminista, Madrid: Síntesis. [5] Seaman, Julie, The Empress’s Clothes in Evolution’s Empress: Darwinian perspectives on the nature of women, edited by Maryanne L. Fisher, Justin R. Garcia, Rosemarie Sokol Chang. p. 406. [6] Althusser, Louis, Ideología y aparatos ideológicos del Estado, Freud y Lacan.

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