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Mucho se ha escrito sobre la lucha de Nelson Mandela contra la opresión del apartheid en Sudáfrica. Hoy se observa retrospectivamente aquella lucha, no solo como la victoria de Sudáfrica, pero como una victoria de la humanidad completa.

Temo caer en aquella tendencia a transmitir esa visión romántica de la ‘resistencia idealizada’, que nos advierte Lila Abu-Lughod, donde se interpreta la resistencia como signo de ineficacia de aquellos sistemas de poder y se ensalza la originalidad de los seres humanos en crear lucha contra esa aquella ineficiencia. Temo también que ese romanticismo dirija estas líneas a fijar el análisis en las grandes narrativas de poder e ignorar las pequeñas manifestaciones del biopoder en lo cotidiano [1].

Buscaré a Madiba caminando en un nuevo escenario post Guerra Fría, un Madiba que transita aquellas ‘franjas marginales’ que, mencionadas por Roger Bartra, franjas que “contienen toda clase de seres anormales y liminales: terroristas, sectas religiosas, enfermos mentales, indígenas, minorías sexuales, emigrantes ilegales y exóticos, mafias, etc”. Una alarmante red imaginaria de poderes y terrores políticos donde luchan los superhéroes de la normalidad democrática occidental. Un ‘batiburrillo cultural de fragmentos’ que, funcionan como estructuras míticas y simbólicas, fragmentos atrapados en la redes imaginarias del poder. Muchos de los ejemplos que se mencionaran son en gran parte reacciones a ‘mitos polares de la normalidad-marginalidad, identidad-otredad’ generados por procesos de dislocación crítica típicos de la postmodernidad.
“La dislocación es el fracaso de que una estructura se cierre como tal. Con ello, admite que toda identidad (y objeto social) de por sí está dislocada porque depende de un exterior que, a la vez que la niega, es su condición de posibilidad. Dado que el campo de las identidades es relacional porque los sujetos sociales no se constituyen de manera puramente externa (los unos de los otros); las identidades nunca pueden constituirse plenamente sino que forman un sistema imposible de cerrar que depende siempre de un determinado afuera que lo constituye.” [2].
Existía una ‘imposibilidad de cierre’ como resultado de las políticas étnicas de Sudáfrica dentro de un conflicto social con origen en los procesos de colonización y luego cristalizado de forma extrema en el régimen del apartheid. Fue que durante el año 1961, el Congreso Nacional Africano (CNA) tomó las armas contra el gobierno sudafricano, una disputa abierta entre dos construcciones históricas [3]. Durante meses el CNA llevó adelante una serie de actos de sabotaje que fueron criminalizados, actos que llevaron a la captura de los principales líderes del movimiento CNA. Entre ellos estaba Nelson Mandela, a lo cual él mismo pronuncio claridad sobre las razones de su activa participación: “Llegué a la conclusión de que, puesto que la violencia en este país era inevitable, sería poco realista seguir predicando la paz y la no violencia. […] Nos sentíamos en el deber de prepararnos para usar la fuerza a fin de defendernos frente a ella. Decidimos por tanto tomar medidas para la posibilidad de una guerra de guerrillas […] Desde nuestro punto de vista, era esencial crear un núcleo de hombres entrenados que fuesen capaces de proporcionar el liderazgo que se necesitaría si estallaba una guerra de guerrillas…se decidió que yo […] iniciaría un recorrido por los Estados africanos con el fin de encontrar centros de adiestramiento para los soldados […] Empecé a estudiar el arte de la guerra y la revolución y, mientras estaba en el extranjero, realicé un curso de entrenamiento militar. Si iba a haber una guerra de guerrillas, quería ser capaz de apoyar a mi pueblo y combatir junto a él, y de compartir los peligros de la guerra con ellos.” [4]
León Trotski dijo en 1936: “El fin puede justificar los medios en la medida en que exista algo que justifique el fin” [5] Evidentemente el tono con el que la historia actualmente juzga a Madiba nos indica fehacientemente, que hay momentos donde se justifica la consideración del uso de la violencia en contra de la violencia, el uso de la violencia política como un lenguaje encarnado, acción simbólica y práctica. [6]. Madiba definitivamente estaba abocado a la paz y a la no violencia, esto parece ser el elemento reivindicador de su lucha, la piedra fundamental que consideraba la violencia contra inocentes como último recurso. La situación en la Sudáfrica del apartheid es reconocida como una época de tremenda injusticia y de producción de lo que Francisco Ferrándiz nos cita como ‘sufrimiento social’ (originario en Kleinman, Das y Lock [eds.] 1997) [7]. Es posible que, de no haber sido encarcelado, Nelson Mandela se hubiera sentido moralmente obligado a recurrir a formas violentas de lucha política, incluso la guerra de guerrillas. El mismo ordenó de una forma lógica las opciones de violencia política que consideraba en aquellos años antes de su encarcelamiento:
“Eran posibles cuatro formas de violencia. Está el sabotaje, está la guerra de guerrillas, está el terrorismo y está la revolución abierta. Optamos por adoptar la primera. El sabotaje no conllevaba la pérdida de vidas y era lo que ofrecía más esperanzas para las relaciones interraciales en el futuro.” [8] A pesar de estas claras líneas, no pocos, consideran y consideraron a Madiba un ‘terrorista’. El discurso actual considera terrorista a cualquier persona que considere viable la eventual práctica de la guerra de guerrillas (inclusive la guerrilla electrónica). Madiba separa ambas formas y concienzudamente discrimina sus efectos de forma clara.

Hay que hacer sólo un poco de historia y observar que la aparición de este discurso como sistema restrictivo. Contemplamos que la ‘guerra de guerrillas’ tomó su forma moderna en las guerras napoleónicas en la península Ibérica, mientras que el término ‘terrorismo’ fue acuñado durante la Revolución Francesa. Hoy en día, aunque han pasado los siglos, el uso del término ‘terrorismo’ sigue siendo un tema muy controversial y subjetivo para aquellos que lo analizan con detenimiento, no logrando llegar a un acuerdo en su significado se ha dicho que hay decenas de definiciones diplomáticas, académicas y periodísticas [9]. Aun en medio de esta aparente confusión ya en 1979 el gobierno de los Estados Unidos definía ‘terrorismo’ legalmente, categorizándolo para sus reportes al congreso y en 1983 la definición era adoptada para varios fines analíticos y estadísticos. [10] No solo resultados de violencia letal eran considerados, muchas otras actividades eran categorizadas de ‘terroristas’. De este modo, a partir de cualquier tipo de violencia contra ciudadanos estadounidenses (o sus intereses); el arrojar piedras, piquetes y pintadas fuera de embajadas, empresas y bancos americanos eran considerados en los reportes al congreso estadounidense. [11]

Singularmente antes del año 2001 existía muy poco interés por tratar el tema en círculos filosóficos, inclusive una marcada ausencia de entradas dedicadas al tema en las principales enciclopedias de filosofía es muestra del paradigma reinante en los círculos académicos. [12] El discurso cobra un giro inmenso a partir del “día que cambio el mundo”, el 11 de septiembre de 2001. La etiqueta ‘terrorista’ pasa a ser utilizada, ya no solo por los gobiernos sino por los medios de comunicación y su público, prácticamente contra cualquier forma de resistencia, confundiendo el sabotaje, la guerra de guerrillas, el terrorismo y la revolución abierta en una sola palabra: ‘terrorismo’. Repentinamente se llegó a un consenso y pasa a llenar páginas incontables de la producción de discurso de políticos, periodistas y académicos hasta el mismo día de hoy. Gracias a iteración se logró la ubicuidad del discurso y se puede decir que el término llegó a expresar una definición explícitamente subjetiva y una imagen recursiva. Una ‘universalización totémica’ (como decía Claude Levi-Strauss) y terrorismo llegó a ser un símbolo de todos los miedos y como tal pasó a subsistir dentro de su propio sistema simbólico. La palabra llegó a comunicar que << terrorismo es la violencia que no apoyamos >> [13], llegó a ser percibida como una violencia ‘desde el punto de vista del nativo’ y bien dicen Rapport y Overing que la percepción de la violencia por distintas sociedades es tan diferente que no puede ser considerada como una cosa-en-sí-misma o como un acto típico ideal. [14]

A raíz del etnocentrismo, dentro de este sistema simbólico, llegamos a considerar que el terrorismo no es la violencia que nosotros (los ciudadanos) infringimos sobre ‘el cuerpo de los condenados’ y tampoco lo es aquella violencia que la estructura infringe sobre nosotros mismos y en los mismos términos. Parafraseando a Foucault, sancionamos ‘la vigilancia y el castigo’ del otro pero no somos capaces de ver que “toda esta tecnología de poder [está también] sobre [nuestro] cuerpo” [15]. Veremos que cuando Foucault dijo ‘tecnología del poder’ lo dijo muy bien. Actualmente muchos analistas ubican a internet como uno de los pilares de la globalización, pero en ese comúnmente idealizado ciberpaisaje actualmente se lleva a cabo una militarización de sus planicies y escarpados. En ese ciberpaisaje hay una guerra de guerrillas electrónica entre facciones diversas, ciberguerrilleros y ciberestados. [16] Sobre este ‘efecto ouroboros’ Pierre Bourdieu ha dicho:
“no es suficiente señalar que las relaciones de comunicación son siempre, inseparablemente, relaciones de poder que dependen, en su forma y contenido, del poder material o simbólico acumulado por los agentes (o las instituciones) comprometidos en esas relaciones […] En cuanto instrumentos estructurados y estructurantes de comunicación y de conocimiento, los “los sistemas simbólicos” cumplen su función de instrumentos o de imposición de legitimación de la dominación que contribuyen a asegurar la dominación de una clase sobre otra (violencia simbólica) aportando el refuerzo de su propia fuerza a las relaciones de fuerza que las fundan, y contribuyendo así, según la expresión de Weber, a la ‘domesticación de los dominados’” [17]

Ya se ha dicho que el terrorismo es la violencia política del otro, no la que aceptamos en nosotros e infligimos en otros. Muchas de las condiciones que daban origen al apartheid se replican hoy a una escala global gracias a nuestra sanción u omisión. Muy probablemente este nuevo giro discursivo de la palabra-símbolo hizo que tanto Nelson Mandela como el CNA siguieran presos de la palabra terrorismo, allí donde Thatcher, Reagan y asociados los habían ubicado públicamente a mediados de los ochentas. Parece increíble que un velo de misterio y secretos aun permanece rodeando a este tema, detrás de aquel ridículo mantra que reza ‘FOIA’.

Pocos días después de la muerte de Madiba, Ryan Shapiro, un doctorando del MIT (Massachusetts Institute of Technology) elevó una demanda contra la CIA, NSA, DIA y el FBI por su incumplimiento de la Ley por la Libertad de la Información (FOIA por sus siglas en inglés) al negarle el acceso a los archivos producidos por las agencias de inteligencia del gobierno de Estados Unidos en relación con el arresto de Nelson Mandela en 1962 y las causas de que Madiba permaneciera en la lista (Terror Watch List) de terrorismo hasta el año 2008. [18]
Vistos, pues, los cambios discursivos, se podría decir, siguiendo a Foucault, que la idea de terrorismo ha pasado por discontinuidades esencialmente contingentes, transformaciones en el conocimiento que han sido acompañadas por cambios importantes de poder. [19] No es casualidad entonces que los ‘superhéroes de la normalidad democrática occidental’ como Margaret Thatcher, Ronald Reagan o Dick Cheney utilizaran el nuevo y sobre-codificado [20] discurso del terrorismo para generar nuevos giros de poder. Una retórica, de los superhéroes, que condenaban a Madiba y al CNA en Sudáfrica pero que apoyaba una estructura que en otras épocas e intersecciones incluía que “dentro de un determinado territorio, [se] reclama[ra] (con éxito) para sí el monopolio de la violencia física legítima” [21] a la par de  ‘[coordinar] todos los recursos de inteligencia [disponibles transnacionalmente] con el fin de lograr una cooperación total en una lucha hasta la muerte contra la subversión.[22]
Fue así también que en aquella época de ‘lucha hasta la muerte’, Estados Unidos, no solo se preocupaba de pseudo-terroristas en tierras distantes. El gobierno de Richard Nixon utiliza el programa de contra-espionaje interno COINTELPRO para infiltrar y desestabilizar a las organizaciones “subversivas” en territorio norteamericano, entre las más buscadas por COINTELPRO estaba el Movimiento Indio Americano (AIM). Desde sus inicios, en el afán por buscar soluciones al sufrimiento social de la población amerindia, AIM atrajo no pocos seguidores. Este movimiento resulto muy atractivo para un joven veinteañero, allá por finales de los sesentas. Ese joven era y es Leonard Peltier, indio, miembro de las tribus sioux y reo. Hoy, a sus 69 años lleva 37 años en prisión a raíz de una doble pena de cadena perpetua, por la acusación de asesinato de dos agentes del FBI.

Peltier ha clamado inocencia desde el primer momento. Innumerables análisis de grupos que defienden su liberación sostienen que fue víctima de un proceso político y de la producción de una condena ‘ejemplificante’, para el resto de indios americanos con deseos de reivindicaciones. Dado que no hay pruebas de la culpabilidad de Peltier, a pesar de los muchos intentos de lograr que le generasen un nuevo juicio (en vista de nueva evidencia que apoyaría la inocencia de Peltier) y también de la infatigable movilización internacional de defensores de los derechos humanos (entre ellos Nelson Mandela) Peltier sigue preso y su caso no es reconocido ampliamente. [23] El caso Peltier y la resistencia de AIM se tratan como casos aislados banalizados y se convierten así en lo que Michel-Rolph Trouillot llamó “lo inimaginable” (a partir del tratamiento de ‘no-evento’ de la revolución haitiana).
“Lo inimaginable es [un no-evento] lo que no puede concebirse entre las posibles alternativas, lo que pervierte todas las respuestas porque desafía los términos bajo los que se formularon las preguntas” [24]
Un ‘no-evento’ es sobre-codificación con olvido. Por otro lado, terrorismo es sobre-codificación con sobre-presencia en todos los medios discursivos, de ello da cuenta el gran giro antes mencionado en su tratamiento. Es triste que Peltier esté en una cárcel federal que está a más de 3200 kilómetros de su familia y su gente, en olvido [25]. Evidentemente podemos decir que no hace falta estar en una cárcel para sumar sus palabras a otros seres humanos que no se consideran parte un ‘Estado-Nación’. Estados que ‘banalizan’ su resistencia y que vuelven terrorismo solo la violencia política del otro y no la propia. Banalización de victimas, hombres y mujeres y muchos otros que, como nos dice John L. Comaroff, perdieron su humanidad y ganaron su etnicidad en la práctica de la vida diaria, en relaciones de desigualdad que producen sujetos y objetos Practicas diarias que una vez objetivizadas pasaron a ser una identidad poderosísima.

Centrados en ‘lo local’ no hay que olvidar que Comaroff nos ensena también que “las identidades étnicas y nacionales son siempre el producto de una dialéctica de fuerzas locales y globales” [26]. Entre ‘lo local y lo global’, en un lejano ‘no-evento’, allá donde la resistencia data de tiempos inmemorables, choca la identidad étnica contra el nacionalismo. ‘Creaciones históricas’, ‘estados de ánimo’ chocan de formas muy tristes y con mil ecos. Unos defienden el nacionalismo ‘por la razón o la fuerza’, los otros la etnia por amor a la ‘mapu’ y a la identidad. A simple vista se aprecian los mismos orígenes, se repiten muchos apellidos, mientras ambas ‘creaciones históricas’ parecen indiferenciables. Extrañamente ambos defienden un concepto y creación histórica: defienden un ‘país’ en castellano y defienden un ‘wallmapu’ en mapudungun.

“La violencia es el escenario que prima hoy en el País Mapuche. Violencia que no es mapuche, sino propiciada por un Estado, por un gobierno, por una elite política y económica que se niega a reconocer la legitimidad de un reclamo histórico. Violencia que el pasado 26 de octubre [2009], terminó con seis mapuches violentamente detenidos en el sector Yeupeco de Padre Las Casas. Hasta allí arribaron decenas de efectivos policiales, armados con escopetas, subametralladoras, carros de combate y helicópteros, para apresar a los dirigentes Sergio Catrilaf, Ignacio y José Tralcal, Sergio Huinca y Pedro Cheuque, todos ellos miembros de comunidades mapuches del sector. La justicia los sindica como responsables del ataque a un bus de pasajeros […] Todos ellos niegan los cargos. Claman justicia. Denuncian montajes en su contra. No hay caso. Todos y cada uno serán días más tarde formalizados por Ley Antiterrorista. Y recluidos en diversas mazmorras penales del sur.” [27]
Evidentemente las ideologías de la resistencia no han cambiado muchos desde los días del Madiba cuasi-guerrillero. Por el contrario si son más difíciles los tiempos para aquellos Mandelas ‘previos a’ y a aquellos Mandelas ‘en Robben Island’. Si son más difíciles los tiempos para aquellos Mandelas sin premios Novel ni amigos famosos. Quiero observar a ese Madiba que caminaba por las ‘redes imaginarias del poder o del terror político’. Un Madiba que conocía y transitaba los ‘no-eventos’, sin miedo, porque él les conocía bien y sabía con cuanto dolor y olvido están constituidos.

Pienso en los mal entendidos, aquellos que rodearon a Madiba y fueron incomprendidos. Winnie fue una de aquellas personas incomprendidas que estaba cuando nadie más estuvo para el Mandela de Robben Island. Imagino a ese Madiba que muy seguramente sabía que “las mujeres y sus cuerpos son a menudo el primer sitio para la representación de la diferencia”. Un Mandela que apreciaría con una sonrisa la historia beduina del ‘lobo y los ancianos’ [28]. Admiro profundamente a ese Madiba que amaba a Winnie y era amigo de otros actores mal entendidos. Ciertamente varios de sus amigos eran mal entendidos, esos que son  ‘seres anormales y liminales’ de Roger Bartra.

El 21 de Junio de 1990, en una reunión de un centro cívico en Harlem (Nueva York), dijo:
“Uno de los errores que cometen los analistas políticos es pensar que sus enemigos deberían ser nuestros enemigos. No podemos hacer aquello, ni nunca lo haremos. Somos una organización independiente comprometida con su propia lucha. Nuestra actitud hacia cualquier país está determinada por la actitud de aquel país hacia nuestra lucha. Yasser Arafat, Coronel Gadafi y Fidel Castro apoyan nuestra lucha completamente. No hay razón alguna por la cual deberíamos tener ninguna duda en encomiar su compromiso con los derechos humanos tal como el compromiso con ellos en Sudáfrica. Nuestra actitud está basada únicamente en que ellos apoyaron completamente la lucha anti-apartheid. Ellos no solo apoyan únicamente nuestra lucha de forma retórica, ellos asignan recursos para nuestra disposición. Recursos para ganar nuestra lucha.” [29]
Víctor Turner nos clarifico que ‘en el mismo instante en que se clava una estaca en la tierra, se doma un potro o se encarcela a un enemigo la communitas cesa de ser un ideal permanente’ [30]. Aquella bella y poderosa communitas que todo lo iguala se difumina. Así vemos que Palestina, Libia, Cuba y la misma Sudáfrica [31] han experimentado aparentemente un ocaso de la ‘communitas espontanea’. Si! cada vez que se clava una estaca en la tierra, se doma un potro o se encarcela a un enemigo se cumple la realidad de la gran verdad que reza “donde hay poder hay resistencia” [32]. Una realidad ‘muy actual’, realidad con sus políticas étnicas, sus nacionalismos y diversas formas de violencia política. Una actualidad con muchas ‘estacas en la tierra’, con muchos ‘potros domados’, con muchos ‘enemigos encarcelados’. Una realidad de  resistencia.

Bibliografía
[1] Abu-Lughod, Lila (2011 [1990]), La resistencia idealizada: trazando las transformaciones del poder a través de las mujeres beduinas en Antropología política. Temas contemporáneos, Cañedo Rodríguez, Motserrat; Marquina Espinosa, Aurora (eds.), Bellaterra, Barcelona, pp. 181-182
[2] Bartra, Roger (2011 [2002]) Cultura y política: las redes imaginarias del poder político en Antropología política. Temas contemporáneos, Cañedo Rodríguez, Motserrat; Marquina Espinosa, Aurora (eds.), Bellaterra, Barcelona, pp. 150-152. Ver también ‘Dislocación’ en Paula Biglieri y Gloria Perelló (2011) “Los nombres de lo real en la teoría de Laclau: antagonismo, dislocación y heterogeneidad” Paula Biglieri y Gloria Perelló, Centro de Estudios del Discurso y las Identidades Sociopolíticas (CEDIS), Universidad Nacional de San Martín (UNSAM).
[3] Comaroff, John L. (2011 [1994]) Etnicidad, violencia y política de identidad. Temas teóricos, escenas sudafricanas en Antropología política. Temas contemporáneos, Cañedo Rodríguez, Motserrat; Marquina Espinosa, Aurora (eds.), Bellaterra, Barcelona, pp. 214-215
[4] Mandela, Nelson (1964) Declaración ante el juicio de Rivonia (Abril 20 de 1964)
[5] Dupré, Ben (2007) 50 philosophy ideas you really need to know, Quercus, London.
[6] Comaroff, John L. (2011 [1994]) Etnicidad, violencia y política de identidad. Temas teóricos, escenas sudafricanas en Antropología política. Temas contemporáneos, Cañedo Rodríguez, Motserrat; Marquina Espinosa, Aurora (eds.), Bellaterra, Barcelona, p. 232
[7] Ferrándiz, Francisco (2011 [2004]) Venas abiertas: memorias y políticas corpóreas de la violencia en en Antropología política. Temas contemporáneos, Cañedo Rodríguez, Motserrat; Marquina Espinosa, Aurora (eds.), Bellaterra, Barcelona, pp. 160-161 (ver cita pie de página)
[8] Mandela, Nelson (1964) Declaración ante el juicio de Rivonia (Abril 20 de 1964)
[9] Krueger, Alan B. Maleckoba, Jikta. (2003) “Education, poverty and terrorism: Is there a casual connection?” Journal of Economic Perspectives, Vol 17, Fasiculo 4 p. 119.
[10] 22 U.S. Code § 2656f – Annual country reports on terrorism. Disponible en http://www.law.cornell.edu/uscode/text/22/2656f
[11] United States Bureau of Diplomatic Security, “Significant Incidents of Political Violence against Americans: 1987”. Department of State Publication 9644: 1988.
[12] http://plato.stanford.edu/entries/terrorism/; Spaull, David (1988) ‘Appendix, Newsroom Policy on Neutral Language and Terrorism’ in Mike Brown; BBC Bush House Newsroom Guide and Style Book, London: BBC.
[13] Whitbeck, John V. (2002) “‘Terrorism’ The world itself is dangerous.” Washington report on Middle East affairs, Marzo 2002, Vol. 21, Fasiculo 2 , p.52
[14] Lewellen, Ted C. (2009 [2003]) Introducción a la antropología política, Bellaterra, Barcelona, pp. p.173
[15] Foucaul, Michel (2000 [1975]) Vigilar y castigar. Nacimiento de la prisión, México editorial Siglo Veintiuno.
[16] Assange, J., Appelbaum, J., Muller-Maguhn, A., Zimmermann, J. (2012) Cypherpunks, Freedom and the Future of the Internet, OR Books, Londres y Nueva York, pp. 35- 41
[17] Bourdieu, Pierre, (2000) “Sobre el poder simbólico”, Intelectuales, política y poder, Buenos Aires, UBA/ Eudeba, p. 67
[18] Ryan Noah Shapiro vs. Central Intelligence Agency, Cause: 05:552, Court: District of Columbia, January 08, 2014.
[19] Foucault, Michel (1988 [1961]) Madness and civilization: A history of insanity in the age of reason, Random House
[20] Eco, Humberto (1976): A Theory of semiotics. Indiana University Press, Bloomington and London, pp.133-135.
[21] Weber, Max (2012 [1919]) El político y el científico, Madrid, Alianza
[22] State Department Cable, U.S. Ambassador Robert White (Paraguay) to Secretary of State Cyrus Vance, Subject: Second Meeting with Chief of Staff re Letelier Case, October 20, 1978, Confidential, 1 p. Disponible en http://www2.gwu.edu/~nsarchiv/news/20010306/
[23] Martin, Abby (Jan 7, 2014) Why Leonard Peltier is Still in Prison 37 Years Later, Breaking the Set, RT News disponible en https://www.youtube.com/watch?v=cgKJOLnaP9o ; Tambien informacion en http://www.aimovement.org/peltier/index.html
[24] Trouillot, M-R (2011 [1995]) Una historia impensable: “La Revolucion haitiana comoun no-evento” en Antropología política. Temas contemporáneos, Cañedo Rodríguez, Motserrat; Marquina Espinosa, Aurora (eds.), Bellaterra, Barcelona, pp. 364-365.
[25] Bandera, Magda (2013) El preso político más antiguo de Estados Unidos, Revista mensual La Marea, Noviembre 2013, pp. 26-27.
[26] Comaroff, John L. (2011 [1994]) Etnicidad, violencia y política de identidad. Temas teóricos, escenas sudafricanas en Antropología política. Temas contemporáneos, Cañedo Rodríguez, Motserrat; Marquina Espinosa, Aurora (eds.), Bellaterra, Barcelona, p. 216
[27] Cayuqueo, Pedro (2009) 06 / 11 / 09 Una guerra no declarada, Periodico Azkintuwe, edición electrónica, 6 de Noviembre 2009. Disponible en http://www.azkintuwe.org/nov061.htm
[28] Abu-Lughod, Lila (2011 [1990]), La resistencia idealizada: trazando las transformaciones del poder a través de las mujeres beduinas en Antropología política. Temas contemporáneos, Cañedo Rodríguez, Motserrat; Marquina Espinosa, Aurora (eds.), Bellaterra, Barcelona, p.191
[29] Mandela, Nelson (1990) en una reunión de un centro cívico en Harlem, Nueva York. Traducción propia. Versión original disponible en desde varios recursos online. Aquí uno http://flcourier.com/2013/12/12/lest-we-forget-madiba-was-a-principled-warrior/
[30] Turner, Víctor W. (1988 [1969]) El proceso ritual, Madrid, Taurus, p.145
[31] Ver el incidente de los mineros de Marikana https://www.youtube.com/watch?v=O56d-xd8AuM y http://www.juancole.com/2013/12/massacred-workers-justice.html
[32] Foucault, Michel (1978) The history of sexuality. Vol 1: An introduction, Random House, Nueva York, pp. 95-96

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