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Parentesco y David Schneider

” Más tarde, en 1984, David Schneider cambió la teoría del parentesco por completo. A Critique of the Study of Kinship ha sido considerado un «hito» en la historia de la antropología, y no es una exageración. Schneider se vengó de las premisas teóricas centrales de la disciplina, transformando el diálogo existente. Su libro señaló la existencia de un estrecho etnocentrismo que atravesaba esas premisas teóricas, en tanto los y las antropólogas analizaban el parentesco en el mundo en términos de la dicotomía específica de la cultura euroamericana entre lo «biológico» y lo «social». Schneider se ocupó escasamente de los estudios sobre adopción, más allá de exponer los errores de sus predecesores: esos antropólogos/as, dijo, que sostienen que la sangre es más espesa que el agua (sus cursivas) en todo el mundo.

[…] No hay duda de que el libro de Schneider de 1984 transformó el diálogo interno de la antropología cultural en América del Norte. Si bien el texto de Schneider inicialmente las paralizó, casi de inmediato provocó nuevas reflexiones teóricas sobre el parentesco en antropología. En Estados Unidos, los antropólogos/as recobraron el aliento y fueron al descubrimiento de nuevos paradigmas de análisis, potentes y sólidos. En respuesta al reto de Schneider, los estudiosos/as del parentesco se basaron en la teoría feminista y en «una nueva conceptualización de las bases de conocimiento», en palabras de Janet Carsten, para fortalecer y ampliar la teoría. Nada de esto sucedió en un vacío, y aquí la insistencia de G. Stocking en la contextualización múltiple vuelve a jugar en mi argumento.

En las décadas posteriores al libro de Schneider de 1984, los contextos para un diálogo cambiante incluyeron cambios radicales en las posibilidades de hacer familia y construir relación de parentesco. Las vías para tener hijos/as fueron profundamente agitadas. Los estudios sobre los modos de reproducción produjeron nuevas ideas sobre antiguos dogmas: naturaleza y cultura, personalidad e identidad, y lo (problemáticamente) «humano» en el centro de la historia de la antropología.”

Judith Schachter, Depto. de Historia, Carnegie Mellon University http://www.ub.edu/geocrit/sn/sn-395/sn-395-25.htm

Hoy, al echar la vista atrás, se hace evidente que los estudios, publicaciones de David M. Schneider son un legado fundamental para la antropología. Un nodo simultáneo de demoledora crítica, muerte y auspicioso desafío, Schneider dio forma a cómo estudiamos y entendemos el parentesco actualmente. ‘A critique of the Study of Kinship’ (1984) es considerado como un hito en el cuestionamiento de los axiomas centrales de la subdisciplina, mientras permitió una apertura a nuevos campos de estudio y análisis del parentesco. Gracias a esta embestida final de Schneider, el parentesco se vio analizado en una nueva óptica mientras que la inercia de las premisas teóricas centrales de la disciplina fueron puestas bajo el influjo de nuevas fuerzas.

Schneider criticó duramente las dicotomías eurocéntricas que se utilizaban en el análisis del parentesco. La centralidad y principado de la subdisciplina fueron cuestionados y con ello muchas otras dicotomías y axiomas aledaños (de la misma antropología cultural) temieron por su bienestar y buena reputación. El pánico inicial, en reacción, pareció paralizar (o ralentizar mucho) los estudios de parentesco. A pesar de todo, el ambiente de crítica es el propicio. Una serie de contextualizaciones, fuerzas de trasfondo (NTR, raíces, herencia genética, biología y ADN), fomentaron lo que George Stocking llamó «contextualización múltiple». Sí, una desgracia oportuna, ya que el inmenso escollo es vencido gracias a las renovadas energías recibidas principalmente desde las teorías del feminismo y «una nueva conceptualización de las bases de conocimiento» (Carsten 2000). En una potenciación de la naturaleza, esta es hecha más evidente, sus funciones de anclaje del conocimiento difuminadas y es el conocimiento mismo el que se tiende a desestabilizar. La búsqueda de nuevos anclajes abrieron un nuevo renacer de los estudios del parentesco y así se comenzó a construir con bases sólidas la era post-Schneider.

Pareciera que la realidad esperó por la comprensión necesaria para poder dudarla, el cogito esperó por Descartes. Otros también trabajaron en los mismos problemas y llegaron a conclusiones similares. ¿Era necesario matar al parentesco y sepultarlo bajo una lápida grabada con el recuerdo de un «no-tema» o tomar la vía de Rodney Needham y esperar por herramientas conceptuales más rigurosas? Se dice por allí que entre más firme el statu-quo más rigurosas deben ser las fuerzas que pretendan alterarlo.

Ya en 1943 Jean-Paul Sartre (El ser y la nada) nos dice que hay que invertir la opinión general y no solo reconocer la incomodidad del estado actual sino concebir una posibilidad diferente de existencia. No hacemos esta inversión de la opinión en tanto que estamos sumidos en una situación histórica pues no llegamos a entender las deficiencias y los errores de una organización humana determinada; no podemos ni siquiera imaginar un orden diferente de cosas.

Se requieren humanos complejos, casi extremos, sin temor de equivocarse para lograr invertir una opinión hecha statu-quo, visualizar anomalías y crear un nuevo paradigma como nos enseñó Thomas Kuhn (La estructura de las revoluciones científicas, 1962). Schneider fue uno de eso seres humanos. La riqueza del estudio del parentesco como sistema simbólico, como ideología, como proceso y como agencia esperaron por el complejo David M. Schneider.

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