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“The more precisely the position is determined, the less precisely the momentum is known in this instant, and vice versa.” (Werner Heisenberg) [1]

El nacimiento de la filosofía moderna marca el momento desde donde brota la creencia de que todo puede ser pensado. Gracias a que ese mismo pensamiento es algo indudable, todo lo demás puede ponerse en duda o animar a certezas. Tiempo después, Immanuel Kant desempeñaría otra función inmensa: la síntesis del pensamiento racionalista y el pensamiento empírico. Mucho de lo que entendemos como ‘pensamiento occidental’ (discursos) está basado en las construcciones epistemológicas que emanan de aquella época. En el siglo XX, Michel Foucault identificaría que uno de los procesos que controla , selecciona y redistribuye la producción de estos discursos es ‘la voluntad de la verdad’. [2]

Tal vez, si pudiéramos, en búsqueda de la verdad, congelar el universo en un instante de su expansión (expansión sujeta a debate) estaríamos en situación de medir la posición exacta de cada uno de sus componentes. Las estrellas, las nebulosas, los planetas, la vida y los seres humanos están constituidos de estos componentes, de la interacción de estos elementos. ¿De qué nos serviría medir cada uno de estos elementos si en el siguiente instante estos estarán en una posición diferente según el sistema al cual tengan referencia? El conocimiento objetivo tendría que ser algo que escape a la ‘opacidad’ que menciona Nassim N. Taleb cuando dice que “aleatoriedad es información incompleta”. [3]

La química cerebral está regulada por una serie de procesos que están bajo cierto constreñimiento o el cerebro directamente sería un sistema de reacción aleatoria. El hecho que yo este escribiendo estas líneas con un sentido, luego tú leyéndolas, da fe de que nuestros cerebros están constreñidos a ciertas reglas funcionales. El cerebro en el cuerpo, el cuerpo en el cerebro, el cuerpo en relación a otros cuerpos. Ese cuerpo en el cerebro es la herramienta principal con la que intencionamos, dirigimos, interpretamos, malinterpretamos, entendemos y propagamos nuestras acciones sociales. Quiérase o no, este cuerpo en el cerebro es aún la ‘caja negra’ desde donde emerge la capacidad de hacer acción social. Aun así, los mitos, las ideas y las teorías son artefactos extrasomáticos según Karl Popper. [4]

Ahora, alejándonos del análisis de lo químico-físico, hacia un análisis de las personas y lo extrasomático. Que las relaciones de poder creen sujetos y estos obedezcan en ciertas direcciones, nos muestra que existen mecanismos que dan lugar a ciertos comportamientos. Estos mecanismos deben ser desmitificados, desoscurecidos, vueltos transparentes. Pierre Bourdieu reconoce que el mundo social está condicionado por: “estructuras objetivas, independientes de la conciencia y de la voluntad de los agentes, que son capaces de orientar o de coaccionar sus prácticas o sus representaciones ” [5] El hecho que hoy existan muchos interlocutores que se sienten en posición de interpretar lo que sucede en el campo social, hace imperativo que los científicos sociales se aseguren del proceso de vigilar que “una de las tareas de la sociología consiste en examinar bajo qué condiciones estas disposiciones son socialmente constituidas, efectivamente desencadenadas y políticamente eficaces” [6]

La intersubjetividad puede ser una herramienta importantísima para examinar la realidad social objetiva y subjetiva. Ella nos provee de la posibilidad de “entrar en diálogo con el discurso de los agentes de la cultura”. [7] En intersubjetividad podríamos ser capaces de ese dialogo (en la imposibilidad de estar al margen de la influencia social) pero no sin un ‘salvoconducto’ de reflexividad.

Parafrasearé la tan valorada objetividad de las ciencias físicas para conectar con lo humano. En mecánica cuántica llaman ‘decoherencia cuántica’ a un término en el cual las extrañas leyes de lo cuántico dan lugar a un estado físico clásico. [8] La intersubjetividad y la reflexividad nos permitirían en cierto sentido explorar y jugar con esta tensión en el estudio del campo social y lograr el mismo dialogo entre ese flujo de lo subjetivo y lo objetivo. Si la ‘tan’ ponderada física clásica ‘dialoga’ con la extraña mecánica cuántica ¿Por qué no lo subjetivo con lo objetivo en el campo social? Quizás esa ‘decoherencia’ entre lo subjetivo y lo objetivo se encuentre en la aún elusiva definición de conciencia [9] o en los dominios de la ‘fuzzy logic’ o en aquel extraño campo donde tal vez habita la definición de: «Esta oración es falsa».

BIBLIOGRAFIA

[1] Heisenberg, Werner. (1927):” “On the anschaulich content of quantum theoretical kinematics and mechanics” “
[2] Foucault, Michel. (1970): “El orden del discurso” p.10. Buenos Aires: Tusquets Editores
[3] Taleb, Nassim. (2007): “The Black Swan, The Impact of the Highly Improbable” (p. 198). Londres: Penguin Books.
[4] Popper, Karl. (1972): “Objective Knowledge: An Evolutionary Approach” (p.290). Londres: Oxford University Press.
[5] Bourdieu, Pierre. (2000). “Cosas dichas” (p. 127). Barcelona: Gedisa.
[6] Bourdieu, Pierre y Wacquant, Loïc (1995). “Respuestas. Por una antropología reflexiva” (p. 51) México: Grijalbo.
[7] Velasco, Honorio y Díaz de Rada, Ángel. (2006) “La lógica de la investigación etnográfica” (p.218). Madrid: Trotta.
[8] Zeh, Dieter (1970) “On the interpretation of measurement in quantum theory”. Found Phys 1970; 1: 69-76.
[9] Hameroff, S. y Penrose, R. (2013): “Consciousness in the universe: A review of the ‘Orch OR’ theory”. Phys Life Rev. Marzo 2014, pp. 39–78

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